Muy diferente es el pueblo Otomí de San Pablito.
Con sus casas recientes de ladrillos y techos de zinc, edificadas sin orden aparente, se presenta a primera vista mucho menos atractivo. Pero ahí sobrevive una artesanía que desapareció en otra parte: la fabricación de papel amate, que se utilizaba en grandes cantidades antes de la llegada de los españoles.

La técnica de producción no ha cambiado desde entonces: la corteza de unos árboles se cuece con cal y ceniza hasta que esté blanda. Las fibras se enjuagan, se disponen en una tabla de madera y se machacan con un aplanador -produciéndose un golpeteo que sale de todas las casas- para formar una hoja que se deja secar al sol.

Las cortezas utilizadas son las del árbol de jonote rojo para el papel de color café, de xalamátl para el papel blanco, de mora para el papel de color crema.

Estos árboles ya no se encuentran en la región y las cortezas se tienen que traer de afuera.
Desde hace poco tiempo, se usa el tule para elaborar papeles más gruesos y tintes para obtener una amplia gama de colores. Si el papel amate ha sobrevivido en San Pablito es porque tiene fines rituales.

Los chamanes, brujos o curanderos lo recortan para crear figuras mágicas: “espíritus”, “camas” o animales, utilizadas en rituales agrícolas -las “costumbres”-, curaciones o ceremonias de magia blanca o negra.

El papel blanco es “bueno”, y se usa para recortar figuras de los espíritus buenos, representados con los pies descalzos: son los espíritus de las semillas, de la Madre Tierra, del Señor del Monte y de la gente buena en general.

Las figuras de papel oscuro son “diablos”, espíritus malos. Tienen dos caras de perfil, varios brazos, a veces cola y llevan zapatos: representan el Presidente de los Infiernos, el Juez del Purgatorio, la Sirena Mala, los mestizos o toda persona mal intencionada. Estas figuras son partes del mundo de San Pablito, donde la magia domina todavía la vida de la gente: En un pueblo de 3000 habitantes, se estima a 150 personas el número de chamanes, curanderos o hechiceros.

Los lugareños se muestran muy reservados hacia los visitantes: sólo los niños y los vendedores -que vienen a proponer hojas de papel, figuras de papel blanco y toda clase de artesanía de chaquira- se acercan. Su actitud hacia el mundo exterior que los considera como folklóricos sobrevivientes de tiempos pasados o pasivos objetos de estudios antropológicos se entiende muy bien.

Sin embargo, con un poco de suerte y de tiempo, se rompe la barrera y aparecen las sonrisas.

Papel: Antonio Cienega
Foto: Alejandro Uribe
Texto: Anne Bonnefoy

Visitas: 533

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de Red libro de artista para añadir comentarios!

Participar en Red libro de artista

Distintivo

Cargando…

Normas de uso

Hola a todas y a todos.

Continuamos con nuestro proceso de reorganización de esta red y siguiendo vuestras sugerencias, vamos a delimitar con mayor concisión el tema del que ella trata.

Este va a quedar limitado a los libros de artista, libros objeto y los libros artísticos.

Os pedimos que en las imágenes, vídeos, blogs que subáis a esta red, indiquéis a que actividad u obra pertenecen.

Jim Lorena y Antonio Damián

© 2017   Creado por librodeartista.   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio