Zitakua - Malagua, gráfica emergente. Proyecto realizado con la comunidad Huichol

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Zitakua – Malagua, Gráfica Emergente.
(fragmento. Fernándo Sánchez e Ireri Topete,
imágenes de la obra en el archivo pdf adjunto)


Es en el desarrollo de la carpeta Zitakua-Malagua que, por primera ocasión, la comunidad Huichol tiene acceso a la Gráfica y específicamente al grabado. La idea original de trabajar con la Nación Wirrarika (Huichol) vino de la ex-directora del instituto de artes Gráficas de Oaxaca, Cinthya Martínez quien. Uno de los aspectos mas atractivos fue conocer un mundo cercano geográficamente, pero a la vez ajeno a la forma de vida de los artistas del colectivo.
El Financiamiento para dicho proyecto se consiguió gracias a la gestión de Sheila Devine q.p.d. a través de la Fundación Bancorft de New York interesada en subvencionar proyectos que ayudaran a mejorar las condiciones sociales de distintas comunidades en Latinoamérica. Por medio de un concurso, el Colectivo recibió en dos ocasiones la beca Bancroft para el inicio y culminación del proyecto, ya que una parte era la de realizar la carpeta y otra fue la difusión. Aunque cabe mencionar que una vez realizadas las estampas, el Gobierno del estado de Nayarit y el H. Ayuntamiento de Puerto Vallarta a través de sus oficinas de Cultura, sumaron apoyos importantes para la difusión de la carpeta.
El primer acercamiento entre los dos grupos de artistas fue mediante una visita que realizaron tres integrantes del colectivo a la comunidad de Zitakua Nayarit. Preguntando, encontraron a Ramón, autoridad de la comunidad con quien se dieron cuenta de que en wixarika la confianza se dice con hechos y en Zitakua se habla fuerte wixarika: no son pocas las promesas que reciben, pero sí las que se hacen realidad. Llevaban una prensa de hacer tortillas adaptada para realizar estampas, diversos instrumentos para grabar algunas placas, papel para estampar, fueron convocando algunos artistas populares de casa en casa. Resultaron interesados algunos y tras una demostración de estampa, realizaron unas placas de grabado en linóleo con sellos de su iconografía, los estamparon en papeles de colores que pegaron mas tarde sobre soportes más rígidos. Mostraron mucho interés en las posibilidades y en la facilidad de adaptar su imaginario a los procesos Gráficos. De esta forma, el grupo de artistas Huicholes quedó conformado por Teresa Rentería de la Cruz, María Estela Eleuterio Carrillo, Rogelio Hernández Robles, Saúl Eleuterio Carrillo, Ramón Medina Bautista, Cirilo Bautista Cervantes y Emilio Benítez de la Cruz.
No es coincidencia que Zitakua signifique «patio de pelo de maíz tierno», cuando una prensa de tortilla convenció a miembros de una cultura que ha logrado resistir toda clase de embates sin perder identidad y tradiciones.
El siguiente reto era lograr que se desplazaran de su comunidad al taller de Artes Gráficas la Raya y comenzaran este intercambio. Con el financiamiento de Bancroft se adquirieron los materiales para la realización de la carpeta, sin embargo había que solucionar, transporte hospedaje y alimentación de los artistas visitantes, a quienes se les dificultaba dejar a sus familias, pues ellos como productores de arte popular son el sustento de su casa, entonces, hubo que hacer una aportación extra con este motivo, lo que propicio que los artistas anfitriones abrieran las puertas de sus casas para contribuir con el proyecto, así que el acercamiento no solo se dio en el taller de trabajo, también en los espacios domésticos, de tal suerte que durante tres semanas la convivencia fue mas cercana.
Ricardo Murrieta, Director de la Biblioteca Pública “Los Mangos” de Puerto Vallarta, escribió uno de los textos del catalogo que acompaña la carpeta y nos narra: Los anfitriones mostraron algunas de las posibilidades expresivas de la gráfica en las técnicas de aguafuerte y aguatinta, explicaron el proceso y resolvieron todas las dudas técnicas para que los invitados pudieran invertir su esfuerzo en lo creativo. El trabajo fue fluido, el único problema formal que enfrentaron los de Zitakua, fue el dibujar en negativo sobre la placa de metal, problema que no les llevó mucho tiempo resolver.
«Sí funciona para expresar la imagen» comenta Rogelio, el que aprendió a dibujar «viendo lo que dicen las cosas» y agrega: «vine a Puerto Vallarta para aprender lo que no sabía, cómo se trabajaba en material de placa de cobre para dibujar mi artesanía de Huichol y la verdá que sí me gustó como se trabaja, así para yo también enseñarle a mi familia. » Los trabajos que los artistas huicholes realizaron en las placas representan ceremonias y ritos de su cultura, como la fiesta del elote, impresa por Saúl Eleuterio Carrillo y Rogelio Hernández; la ceremonia del peyote, dibujada por Ramón Medina Bautista y la fiesta del venado, de Emilio Benítez de la Cruz, Ramón Medina dice: «en lo personal me siento comprometido de promover los conocimientos que adquirimos en este taller para los jóvenes de nuestras comunidades…» por su parte, María Estela Eleuterio Carrillo afirma: «agradecerles a todos los que nos hicieron la invitación a conocer más otro tipo de trabajo, la cual pues es bonito. Estuvo bien, me gustó, yo pienso que está bien todo, me gustaría conocer más para enseñar a otras personas para que también sepan lo que es y cómo se hace este tipo de grabado.»
Si como escribe la investigadora de la Universidad Autónoma de Nayarit, Maestra Pacheco (1994) «Zitakua es el lugar donde los Huicholes se urbanizaron para seguir siendo indios», quizá la gráfica como medio de expresión sea una poderosa herramienta con la cual puedan reforzar su identidad y cultura usando técnicas que les son ajenas, adoptar estas formas de expresión y reforzar su presencia, para seguir siendo indios, para seguir siendo Wixaricas.
En el colectivo La Malagua quedo la satisfacción de ver los objetivos cumplidos, se estableció un puente, una experiencia estética al compartir modos distintos de ver una realidad, quedó el gusto de encontrar un lugar común en el arte. Y quizá, sólo quizá, el proyecto Gráfica emergente Zitakua-Malagua proporcionó herramientas para reforzar el arte popular a través de la técnica del grabado.

Zitakua queda a 3 horas de Puerto Vallarta, en el estado de Nayarit, es de las primeras comunidades que bajaron de la sierra e hicieron un asentamiento cerca de una ciudad, la mayoría de su población se dedica la producción de las artes populares. La mayoría de indígenas Huicholes viven en lugares inaccesibles de los estados de Nayarit, Jalisco, Zacatecas y Durango en las faldas la Sierra Madre Occidental en una región inhóspita de aproximadamente 15,000 millas cuadradas esparcidos en comunidades aparentadas entre sí. Para Zingg (1982), la religión y el misticismo dominan toda su Cultura, pero son los dioses los que determinan todo, especialmente si estos dioses son personificaciones de fenómenos naturales, elevadas al rango de divinidad por el “principio de lo sagrado”. Lo sagrado es la materia prima que compone todo su universo. Su acción principal es la ofrenda. Los Huicholes construyen las casas pero los dioses las habitan. En sus ceremonias a los dioses se les ofrenda azúcar, maíz, chocolate, pan, golosinas, cerveza, aguardiente, etc. Los Huicholes no prueban alimento en estos días como parte de la ofrenda de sus ceremonias. Casi toda la actividad artística esta dominada por la acción que rige el mismo principio, el de las ofrendas a los dioses. Es la religión quien proporciona al Huichol su filosofía acerca de la naturaleza, el universo y el hombre, y el dominio de la naturaleza que cree tener. Esta compuesta por un complejo sistemas de dioses, ceremonias y rituales que sustentan “lo sagrado”. Los Huicholes habitan una región que la mitad el año esta tan seca como un desierto y con la llegada de las lluvias se transforma en un lugar húmedo y exuberante. Esta súbita transformación climática es un rasgo del ambiente natural que los Huicholes traducen en diferentes medios de su esfera cultural.
Debajo de una lucha natural tenemos al hombre tratando de mediar con el fuego para que no incendie al mundo y con la lluvia para que no lo inunde y así se generen las condiciones propicias para que el delicado maíz tenga la humedad precisa y poder tener ricas cosechas ya que esta planta es su base alimentaria.
Detrás del drama de la ceremonia Huichol hallamos la literatura de la mitología que, como en todas sus manifestaciones artísticas, el centro de atención no esta puesto en el artista, a diferencia de lo que sucede con el arte occidental, que subraya el estilo y la individualización.
La mitología Huichol como en gran parte de las Artes Ancestrales de Mesó América, se halla en el nivel de la participación mística. Funciona como una explicación razonada de la ceremonia que en parte, es la dramatización del mito. Cualquier variación intencional respecto al los iconos determina sus funciones, efecto, forma y contenido, de modo que parte del virtuosismo es su capacidad de dialogo.
Su fuerza no radica en su técnica si no en su capacidad de consenso, la pieza es producto de un acuerdo grupal de una serie de decisiones y de visiones compartidas en un “mitote” o cualquier otro ritual. Las imágenes expresadas en su arte, representan historias y leyendas de su mitología, que organiza cada aspecto de su mundo y sus vidas. La base de sus rituales son los cantos de los marakames.
Su arte es una traducción física literal de las imágenes visualizadas en un estado de amplia conciencia, inducida por su cactus sagrado (el peyote). Este arte es también una manifestación tangible de sus experiencias en el reino de los dioses para que cada uno de nosotros vea, toque y comulgue, siendo de esa manera un medio para nuestra propia contemplación y transformación. La religión es trascendentalmente social, el artista Huichol concibe como sagrado el vasto reino de la experiencia.
El arte para la comunidad Huichol, es la manifestación de su mundo, es una ofrenda a todo su universo, contienen el espíritu de su pueblo, guardan su historia que continúan y se prolonga hasta nuestros días, prueba de esto es el proyecto de que hoy nos ocupa, el arte para ellos es el guardián de su memoria.
Este pensamiento místico está íntimamente relacionado y manifestado en sus procesos de producción artística. El poder y la fuerza de sus obras logran espacios de conexión. Vuelven a su origen, a la idea de la colectividad. El “ritual” es principal activador de estas piezas. Un acuerdo que contribuye no solo en el juicio critico de la obra y su consumo cultural, sino en la base de su creación. Es en Latinoamérica con su legado indígena donde sigue vigente el ritual como un argumento fundamental del proceso creativo.
El Colectivo al compartir experiencias con otras comunidades, en las cuales no solo entraron en juego los aspectos técnicos si no las funciones que el arte tiene para estas sociedades, enriquecieron su formación en lo individual y lo grupal . Se tendió un puente entre los universos que habitan un mismo territorio.
La carpeta esta conformada por dos conjuntos de 7 estampas cada uno, el primero fue realizado por los artistas de la comunidad de Zitakua: Teresa Rentería María Estela Eleuterio. Saúl Eleuterio Carrillo, Cirilo Bautista, Emilio Benítez, Ramón Medina, Rogelio Hernández. Cada pieza mide 60 x 80 cm de papel y 40 x 50 cm de imagen. Están realizadas en aguatinta y aguafuerte sobre lamina de cobre. El segundo conjunto realizado por el colectivo La Malagua con las mismas técnicas y los mismos formatos, son el resultado posterior a la convivencia e intercambio con los artistas de zitakua. Las piezas son un eco, una interpretación de este encuentro y fueron realizadas por: Ireri Topete Sergio Martínez, Sheila Devine, Miguel Pérez, Fernando Sánchez Aceves, Eduardo López, y Nohemí Heredia.
El primer conjunto esta conformado básicamente por una serie de ofrendas, al maíz, a la lluvia, al peyote y son un grupo de alegorías a las ceremonias sagradas, el propio trabajo es en sí una ofrenda. La mayoría de estas composiciones son simétricas. Es de observar como al reducirse la condición cromática del arte tradicional Huichol en estas piezas, aunque contienen los mismos elementos ganan en cuanto a su riqueza gráfica, el dibujo aparece como elemento principal. Los dos planos principales son sutiles tenues limpios, sin perder la fuerza que los caracteriza, la distribución de los elementos sigue un orden tradicional y armónico, a excepción de la pieza de Saúl Eleuterio que, con mucho entusiasmo se aventuro a romper la tradición haciendo una alegoría onírica de su experiencia personal con los sueños, cabe mencionar que soñar, para la cultura Wixarika, es una forma de elegir a sus representantes dentro de sus formas de gobierno.

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