Aún no había ocurrido “el crash de la deuda”, aún estábamos en la primera mitad de la segunda década del ansiado y temido año 2000, año de inspiraciones de maleficios de Apocalipsis de toda índole.
       Todo persistía aun tal cual había sido la catastrófica evolución del orden de las cosas, todo seguía igual, diferencias cada vez mayores de las distintas clases sociales, poderes con estructuras piramidales y muy verticales, paredes inexpugnables e inseguras para todo aquel que en la penumbra de la ilegalidad reinante pudiera escalar e intentar anclar sus mosquetones de escalador en los clavos de expansión (bolts). Muros imposibles de alcanzar e imposibilitar que otros intrépidos y aguerridos deportistas amantes del arte de la escalada, puedan conseguir objetivos muy suculentos en cuanto a su altura económica y social se refieren.
    Aún no se había rasgado el tejido del tapiz que tejía ante la mirada insegura e inexpresiva de mi maestro, todo seguía tal cual el manual preveía, venta masiva de bonos para eficazmente esterilizarla después y así poder continuar con el incremento paulatino e incesante gasto a costa de la deuda que se acumulaba sobre los ineficaces gobiernos (pagadera por los ciudadanos) y que adecuadamente apoyada por los grandes benefactores de estos, que eran bancos y banqueros, proseguía hasta su fin. Fin que nunca llegaría, puesto que al ser una estructura piramidal, nunca podría fallar. Si ha funcionado durante milenios, podría seguir funcionando algunos siglos más. En Egipto se construyeron pirámides grandes muy grandes. Enormes, gigantescas estructuras que aun perduran, ¿quien duda que nos sobrevivan?
     En los talleres de tapices y tejidos también seguía todo igual, pero… algo presagiaba que la venta de bonos no era aparentemente tan eficaz, el incremento de tenedores de deuda disminuía sistemáticamente sin motivo aparente, al disminuir el volumen lógicamente hacia que aumentara el tipo de interés, las curvas ya no se comportaban como debieran. Analizando esto debíamos de haber comprendido que algo se gestaba, la urdimbre seguía fuerte bien anclada, con las deformidades propias de los neófitos gobiernos, pero todos pensábamos que estaban siendo hábilmente restauradas y corregidas por los maestro profesionales del noble arte de la economía y no en el diseño de tramas rocambolescas mas propias de principiantes y noveles aprendices que de artistas afamados, reconocidos a nivel mundial.
     Esta trama urdida bajo el seco y calido clima desértico que reinaba en muchos de los momentos, tejida en días de lluvia fríos, días de penumbra e inquietud, en fin aquello que se asemejaba a una tela llena de vida, se convertiría como por arte de magia en una carta de venganza de grito desesperado de libertad. Aquel antro, lugar de tan fantásticas ilusiones, donde localicé el libro en el que libraron las batallas de mis pensamientos, se rajaba, se abrían las costuras de tan arduo e infructífero trabajo. Todo estaba siendo devorado por las llamas de la ineficacia, de la malversación de fondos, de la falacia de la vida.
     Ya la sociedad estaba destruida, desconcertada y hundida en los desechos de las promesas y los vacíos escombros de los edificios construidos como trofeo último y póstumo de la sociedad de consumo minutos antes de ser destruido.
     El noble arte de la guerra compilado en trece tomos por Sun Wu, uno de los discípulos de Sun Tzu, verdadero autor del mismo, me ha enseñado, que solo es posible una formula, y que esta no es aplicable.
Espero que si después del fatídico crash de la deuda todo sigue igual alguien recuerde que:
Luego del crac, el Promedio Industrial Dow Jones (DJIA) se recuperó a inicios de 1930, solo para retroceder nuevamente, alcanzando un punto bajo de las grandes tendencias de mercado en 1932. El Dow Jones no retornó a niveles previos a 1929 hasta un tardío 1954, y el 8 de julio de 1932 estuvo en su nivel más bajo desde 1800.
    Este momento, como tantos otros fue superado gracias a un cambio drástico de las estructuras y de los órdenes, hasta que paulatinamente se pierda la memoria histórica y así poder abordar un nuevo devenir de las cosas un nuevo renacer, en definitiva conservar el ciclo de la vida tal cual nos lo contaron.
   Espero y deseo que mi deteriorado tapiz no termine en las fauces del poder para transformarlo en energía destructiva en un mundo que nunca había conocido en el lugar de la tejedura feliz.

    Escrito meses atras  Domingo, (18 de marzo de 2012 )y alguna mano lo ha quitado

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