Obra estrenada en 2003 con la participacíon de Lilí Muñoz, Natalia Otero y Sebastián Correa- Teatro experimental, el texto es disparador de la imporvisación- Se utilizó coreografía de tango

EXTRAÑAS COSAS SUCEDEN EN TEBAS

Clitemnestra: Un hilo largo, largo se desteje, teje y entreteje. Las Parcas hilan, las parcas cortan el hilo del destino.

He aquí mi sangre, chorreante aún, todavía caliente.

Y seguirá caliente porque fue lava corriendo por mis venas, dulce, perfumada, rojo néctar de las fuentes de Venus.Sangre cálida debajo de una piel que envidiaba Tebas. ¿Ven mis manos? ¿Las ven, horribles espectros, esqueletos cenicientos? Manos con cavidad de cuencos suaves, hechos a la redondez de un músculo de hombre. Dedos sedosos, delicados en la caricia, firmes cuando agarran en la luminosa fiereza de Eros.

¿Ven mis cabellos? ¿Han visto otros iguales, fantasmones comprimidos en grasas estériles? ¿Envidian esta cascada que se derrama por mi espalda?

Orestes: No! Esa no es Clitemnestra! Engendro de Saturno,

demonio de lascivia, devuélveme a Clitemnestra!

Clitemnestra¡Vientres secos! ¡Vientres helados!

¡Cinturas áridas de todo abrazo, nalgas fofas donde jamás se hincó el arado de diez uñas frenéticas en el ardiente rito de la siembra!

He sido condenada...¿Quiénes fueron mis jueces?...

No pagué con mi muerte, ya había pagado. Ya había vivido mi suplicio y fui redimida. Fui sacerdotisa y vestal de Venus, y en su altar volví a ser virgen. Me entregué en renovado himeneo, sacrifiqué ya en sangre...¿Qué habré de derramar ahora? Mil veces entró en mis entrañas el puñal sagrado de mi amante Egisto, ¿cuál puede ser el herrumbrado acero que pretenda herirme?

Electra: Yo escuché ávidamente su alarido.

Yo armé el brazo de Orestes con la daga filosa y con el furor de la venganza. Pobre hermano mío, cuando sentí sacudir su cuerpo y se estremeció en espasmos con cada puñalada, yo sentí con él y ví la luz que me dejará ciega hasta mi muerte. Recordé a mi padre Agamenón y olí como las fieras, con el morro fruncido el agrio olor de la sangre sobre el lecho. Ví cómo retorcía su odiado cuerpo y las mantas del tálamo deslizándose hasta el piso. Y también mi garganta lanzó un grito.

Su cuerpo estaba desnudo, la espalda de Orestes y sus fuertes piernas de guerrero también desnudas, sus brazos musculosos sujetando el cuerpo de la impía adultera que fue mi madre. Y tuve la visión de mi padre Agamenón en fiera juventud, tan igual ahora a Orestes. La visión se confundía y se entremezclaban mis gritos y sus gritos, mi sudor y su sudor, mis piernas se encogían y se agarrotaban y sus piernas se entremezclaban en salvaje forcejeo.

Sobre sus senos blancos coronados de púrpura se arqueaba el cuerpo de Agamenón, o de Orestes, ya no sé...no sé...y el puñal que subía y bajaba...subía y bajaba...

Orestes: Oh Venus!...Oh Mercurio!...Dioses de Oriente y Occidente, conocidos y aun inimaginados...Dioses que hicieron al hombre de carne sensible y le dieron olfato, corazón y sentimientos

Quiero recuperar mi vida destrozada. Electra, hermana

desgraciada , todo me robaste. Y a la vez te di

todo...¿porqué aletean esos asquerosos bichos sobre las

cabezas de los tebanos?

Clitemnestra: Pagué mi culpa, sí, antes de haber cometido más delito que el de mi piel que envidiaban las mujeres de Tebas, el de mi sangre que no podía contenerse simplemente en estas venas. ¿Queréis tener un Agamenón, igual al que yace ahora en su blanca tumba de mármol? ¿Queréis tener un héroe en vuestro tálamo, estúpidas arpías?. Pues el héroe es perfecto. El héroe es el joven atleta, el cuerpo fibroso, cuidado en los baños y en el ejercicio continuo. El héroe maduro es el hombre solemne que aconseja, medita, estudia y razona. Es el hombre que compite seguro de sí mismo, sin flaquezas, que no cede a la imperfección, no cede a la emoción, no cede a la ternura....¡Ja! Agamenón es ese frío héroe yacente en una tumba de mármol ...¿Queréis tener un héroe...?’Queréis vosotras un héroe? Yo soy la tierra. No habrá una sola lápida que marqueel lugar donde yace la impura Clitemnestra , pero estaré por allí, al sol, con Egisto, nos seguiremosfundiendo poco a poco, barro en el barro fecundo. Nos disolveremos con la lluvia, nutriremos el pasto quepisotea el ganado. Ese pasto que crece humildemente, cubre la misma tierra y se extiende...se extiende...y es eterno. Y Egisto y yo, los condenados, mezclados hueso, piel y gusanos, seremos fuegos fatuos solamente cuando la noche sea negra, vacía y negra como la nada. Nosotros aún arderemos en pecado. Para ustedes, los tebanos, los testigos ciegos y mudos de toda tragedia...quedará en la Moira un capítulo de pestes y ese olor a cadáver tan dificil de quitar.

Orestes: Quiero volver a la niñez, cuando este cuerpo que se

pudre era una flor trémula y rosada, y yo me dormía sobre

su tibio pecho

Quiero volver a los tiernos años en que nos

bañábamos vestidos solamente de inocencia, ella

mi madre y yo, y expulsados de los baños y del solario de

los guerreros, espiábamos sus cuerpos

poderosos...escuchábamos sus charlas varoniles...

Electra: Festejaré tu muerte, lúbrica hetaira.

¿Porqué perdiste a Agamenón y luego a Orestes?¿Qué hará ahora Electra más que cubrir de cenizas sus cabellos?

Orestes:¿Porqué los jueces desvían la mirada? ¿Porqué se

cubren las narices?

Electra: Cuando Agamenón me tomaba en sus brazos y

me hacía reír el mundo no existía. Me colmaba

de regalos cuando pequeña, me protegía cuando

joven. Me hacía sentir segura, hiciera lo que hiciese.

Hacía temblar a los criados para que obedecieran

todos mis caprichos. Cuando volvía vencedor de la

batalla, se quitaba la armadura de bronce y yo corría a

colgarme de su cuello, y aspiraba su perfume a sudor,

a cuero, me hincaba su barba hirsuta y salvaje.Orestes, protégeme.Orestes, tienes que ser el hombre, la rabia, el musculoso brazo....Orestes, mírame, soy Electra...

Orestes: No, Electra es mi pequeña hermana, la que me acaricia, la

que me esconde bajo su manto cuando tengo miedo...¿qué

me está pasando? ¿Porqué siento placer asesinando a

Egisto? ¿Porqué me estremezco y gozo con el terror de

desafiarlo, y necesito darle muerte en este lecho, donde sigo

escuchando sus gemidos?Electra...escóndeme Electra... Electra:Debí imaginar en las miradas de su mujer lo que pasaría.

Ninguna orgullosa tebana soportaría quedar a un lado,

esperando...esperando...

Sin embargo algunas veces la oía gemir con él en el tálamo, oía sus respiraciones, susurros y suspiros.

¡Oh Júpiter! ¿Y ahora?

Orestes:Jugábamos escondiéndonos de los criados, en

los calores que vienen desde Africa. Entonces yo

sentía los aromas de la primavera que brotaban de

cuerpos femeninos, y perfumes de Persia que

emanaban de las ropas de los atletas. Pero ella, la

más fresca, la más risueña, de pronto olvidaba a sus

hijos, me olvidaba a mí, su pequeño, y veía

solamente al traidor, al lobo, al adúltero.

Electra:Festejaré tu muerte, estúpida mujer de carne débil.

Beberé tu sangre en tu propio cráneo, como un bárbaro escita. Y cuando la venganza haya pedido tu furor, cuando Orestes huya de su horrendo crimen, cuando los criados se hayan desparramado y el silencio y las sombras del Averno invadan esta casa maldita...¿qué será de Electra?...¿Qué será del preciado tesoro de Agamenón, si Agamenón ha muerto? ...¿Qué será de mi odio, si Clitemnestra ha muerto?...¿Qué será de mi pecho, sin un puñal que busque el corazón y le haga verter sangre? ¡ Júpiter! Aquí está mi pecho blanco...pecho virginal ¡Furias! Arrojadme al fuego, necesito arder, necesito el puñal que haga correr mi propia sangre , debo verla y convencerme de que es roja.

¡Furias! ¡Furias! Quiero que Orestes también sea mi verdugo , que me derribe y me hunda los dedos en los flancos, y me entierre el puñal en las entrañas!

¡Aquí está mi pecho, quiero vengarme de mí y de mi carne!

Clitemnestra: Vamos! Vamos Orestes! Vamos mi hija Electra, que parí con esta misma sangre! Acaso tu crimen fuera no tener este amor que a mi me sobraba

Electra: No la escuches, Orestes...no es amor lo que la incendia y la consume...Orestes, quiero recordar el abrazo de Agamenón, su piel y sus olores...

Orestes: No blasfemes! Me siento cada vez más cerca de las bestias. He olvidado la suavidad de las sábanas donde me acunaba Clitemnestra, quiero arrancarme los pedazos de las sedas con que me envolvía Electra en sus juegos, despojarme de las joyas y los cosméticos egipcios con que me adornaban estas dos mujeres. Quiero, ordeno! Suplico que respeten mi furia y mi impotencia. Yo esgrimí el puñal, soy el asesino... Suéltenme de sus garras finalmente! Envuelto en mi manto de primogénito partiré hacia el infierno.Tal vez allí siga viendo eternamente el torso moreno de Egisto labrado a puñaladas.Tal vez en el Averno me enfrente día a día con los muslos y el vientre dorados de una virgen y deba perseguir a Electra en un fantasma.

Electra: Yo te seguiré para encontrar sólo la fragua y el dolor.El hierro candente en mis entrañas.

Clitemnestra:Yo podré consolar a Egisto en su castigo, porque al menos él y yo fuimos castigados .Aunque jamás vuelva a sentir su aliento, ya lo tuve.Yo fui amada.

Orestes: Yo estoy puro. Respondí al llamado, hice justicia.

Maté, asesiné en el tálamo a Orestes, al niño, al crédulo, al sensible creado a imagen y semejanza...¿de qué o de quién? Y así destruí por fin mi olfato, perdí del todo mi sentido de la vista y logré un profundo asco a cambio de mi tacto. Pero, en fin, creo haber hecho lo correcto.

Por eso, dioses de Oriente y de Occidente, amigos míos del Averno...No podré oler la descomposición ...y cuando lleguen...Atención jueces y jurados....cuando lleguen

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